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México se prepara para recibir a más de 5,5 millones de turistas durante el Mundial 2026, pero no todos viajarán solo por fútbol. Cada vez más personas planean instalarse varias semanas (o incluso meses) para trabajar en remoto por la mañana y ver partidos por la tarde. Una tendencia que ya está transformando ciudades como Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey.

Los nómadas digitales vuelven a ocupar titulares, pero esta vez el foco está en México. El Mundial 2026 no solo atraerá a aficionados, sino también a un perfil de viajero que combina trabajo y ocio y que puede convertirse en clave para la economía local.
Este auge, sin embargo, también deja al descubierto una asignatura pendiente: el marco legal actual todavía no está preparado para acoger de forma clara a quienes trabajan en remoto desde el país. Y eso podría limitar parte del impacto económico que está por llegar.
El Mundial 2026 comenzará el 11 de junio y se alargará hasta el 19 de julio, en una edición histórica organizada entre México, Estados Unidos y Canadá.
México acogerá 13 de los 104 partidos, pero el impacto va mucho más allá del calendario deportivo. Ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey ya se están posicionando como destinos clave para quienes quieren instalarse durante semanas y vivir el torneo de otra manera.
El contexto ya apunta en esa dirección. Según la Secretaría de Turismo, México arrancó 2026 con cifras históricas: en enero llegaron 8,84 millones de visitantes internacionales, un 10% más que el año anterior.
Este crecimiento no es casual. Responde a una tendencia global que se consolidó tras la pandemia, cuando el trabajo remoto dejó de ser una excepción para convertirse en una opción real para millones de profesionales. Desde entonces, cada vez más personas buscan flexibilidad y la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar. De hecho, se estima que más del 60% aspira a este tipo de estilo de vida.
Las ciudades anfitrionas ya están notando el efecto de este cambio de perfil:
A diferencia del turismo tradicional, estos viajeros no se quedan solo unos días para visitar tres monumentos, comprar unos souvenirs y seguir su ruta. Permanecen semanas y adoptan un ritmo más cercano al de la vida local.
Se trata, en muchos casos, de profesionales que pueden trabajar desde cualquier lugar: diseñadores, desarrolladores, consultores o perfiles digitales que combinan jornadas laborales con experiencias locales.
Este tipo de viajero resulta especialmente atractivo porque no concentra su gasto en zonas turísticas concretas, sino que lo reparte en barrios, comercios y servicios del día a día. Una dinámica que puede beneficiar de forma más amplia a la economía urbana.
Más allá del destino, la clave para este tipo de viajero está en la conectividad y la flexibilidad. Su forma de viajar no depende solo de vuelos o alojamientos, sino de poder trabajar con normalidad desde cualquier lugar. Para ello, suelen apoyarse en varias herramientas:
Esta combinación les permite moverse entre ciudades, cambiar de entorno con frecuencia y mantener su actividad profesional sin interrupciones.
A pesar del potencial económico, México todavía no cuenta con una regulación específica clara para nómadas digitales. Esto genera una situación ambigua: muchos trabajan en remoto desde el país con permisos turísticos, sin un encaje legal definido, lo que limita la capacidad de aprovechar plenamente su impacto.
De hecho, el debate ya ha llegado al ámbito legislativo. En los últimos meses se han planteado iniciativas para adaptar la normativa migratoria y facilitar la estancia de trabajadores remotos durante eventos internacionales como el Mundial. Entre las propuestas, se contempla la posibilidad de crear figuras específicas o flexibilizar visados para estancias prolongadas vinculadas al trabajo digital.
Por ahora, sin embargo, estas medidas no están plenamente implementadas. Esto sitúa a México en una posición intermedia frente a otros destinos que ya han desarrollado visados específicos para nómadas digitales, con condiciones claras en materia fiscal y de residencia.
Algunos expertos advierten de que, sin estos ajustes, parte de este flujo podría desviarse hacia países que ofrecen mayor seguridad jurídica para este tipo de estancias.
Así pues, el Mundial, que en principio parecía algo tan sencillo y celebratorio como una sucesión de partidos de fútbol (muy esperados por los aficionados), ha puesto en el punto de mira algo más relevante: un cambio en la forma de viajar, trabajar y relacionarse con los destinos.
La llegada de nómadas digitales, el impulso económico en las ciudades anfitrionas y la necesidad de adaptar el marco legal reflejan una transformación que va más allá del deporte. El fútbol, fenómeno mundial donde los haya, sigue siendo el motivo. Pero la forma de vivirlo está cambiando.