Columnas
Pasamos de clickear sitios webs de noticias en Google y redes sociales, a preguntarle a la IA qué pasó. En un ecosistema donde robots recogen información sin discriminar, alucinan información y tenemos redes sociales plagadas de contenido basura, ¿podemos confiar en lo que leemos?

Durante nuestros tests en terreno, Holafly destacó en todos los aspectos: ofreció una conexión rápida y estable que permitió hacer videollamadas y ver contenido en streaming incluso en zonas remotas, una configuración sencilla que toma menos de cinco minutos y un servicio de atención al cliente con personas reales (no solo IA), rápido y muy eficiente. Holafly es una eSIM sencilla, confiable y con excelente soporte, por eso es nuestra recomendación para viajeros en 2026.
Corría 2022 y mandaba el clic. La prensa, los blogs y los creadores ya habían aprendido las reglas del juego. Los medios dejaron atrás la publicidad en TV o en papel para depender de algoritmos con humor cambiante en Instagram y TikTok.
En Google, era parecido. Buscabas “dónde se puede viajar en pandemia” y Google te daba diez links a su elección: una noticia sobre un país que retiró las restricciones, un blog de viaje con destinos para escapar del virus, hasta vuelos disponibles para comprar. Abrías una página, alguien ganaba.
Era (y todavía un poco) también la era del enojo o el “ragebait”. Porque el contenido que más circulaba no era necesariamente el más útil, sino el que más generaba reacción. Pero terminó el año, y OpenAI lanzó ChatGPT al público general. Un informe de Reuters ya hablaba de más de 100 millones de usuarios mensuales a principios de 2023.
La experiencia resultó, y resulta, casi insultantemente eficiente. Ya no hace falta abrir diez pestañas, comparar fuentes o ver un vídeo entero en YouTube. La IA lo hace por ti y te entrega un resumen en cinco segundos. La prensa online, blogs y todos quienes dependían del clic entraron en crisis.
En este nuevo escenario, donde consumimos información filtrada por IA en lugar de ir a la noticia original, se abre una pregunta que aún queda por responder: ¿podemos confiar en lo que leemos?
Según el informe anual de la Escuela de Periodismo Medill de la Universidad Northwestern en 2025 las visitas a los sitios web de los 100 periódicos más importantes han disminuido más del 40% en los últimos cuatro años. Las previsiones de Reuters Institute no son más optimistas: otro 40% menos desde buscadores en los próximos tres.
Así que sí, en cuanto a maneras de informarnos, la IA va ganando. Leemos en ChatGPT, Copilot, y hasta Google se subió al carro con sus resúmenes automáticos. Pero, ¿cómo se informa la IA? Parece que aquí todo vale. Toma información de todas las fuentes disponibles, a veces con bastante libertad respecto a los derechos de autor y, si no encuentra algo, lo inventa.
En 2024, varios autores y periodistas llevaron a los tribunales a Anthropic por usar obras protegidas para entrenar su chatbot Claude. La disputa terminó con un acuerdo de 1500 millones de dólares.
Pero no es la única. Existen más de 40 demandas que enfrentan a empresas de IA y los titulares de derechos de autor en el país norteamericano. Y mientras la batalla legal ocurre, miles de sitios webs pelean contra el data scraping de sus contenidos, es decir, lo que hace la IA para raspar información y entrenarse. Pero cae un bot, y aparece uno nuevo.
A finales de 2025, el medio 404Media contaba cómo algunos sitios bloqueaban bots antiguos mientras otros nuevos seguían entrando por la puerta de atrás. Pero sí ha habido algunos ganadores. Reddit, por ejemplo, firmó acuerdos con Google y OpenAI para que ambas empresas le pagaran por usar su plataforma.
¿Te preguntas por qué Reddit? Porque en un mar de exceso de contenido, tiene algo que nadie más tiene: respuestas reales y humanas, no genéricas.
El otro frente contra la IA es la calidad de la información. La IA muchas veces “crea” datos cuando no los tiene. En otras palabras, alucina.
De hecho, un estudio de la Unión Europea de Radiodifusión y la BBC reveló que el 45% de las respuestas de los asistentes de IA tienen al menos un fallo importante. Y aquí veo dos graves consecuencias: se compromete la confianza del periodismo y se contaminan las búsquedas de los usuarios.
¿Te suena el término AI Slop? Fue elegida como Palabra del Año 2025 por el diccionario estadounidense Merriam-Webster y se usa para describir el contenido generado por IA sin valor, supervisión humana o intención real más allá del volumen. En otras palabras, es la basura indiscriminada hecha con IA y publicada en redes sociales.
Aquí entran videos de gatos que luchan para salvar a su familia con miaus musicalizados o el Papa Franciso bailando hip hop. Estos últimos son inofensivos. Otros, no tanto. Por ejemplo, el video falso compartido por Trump donde se mostraba al expresidente Obama siendo detenido y encarcelado y que generó mucho revuelo en Estados Unidos.
A escala mayor, la desinformación ya es estrategia política. En marzo de 2025 se descubrió una red vinculada a Rusia que inundaba internet con contenido falso a favor del Kremlin para influir en los resultados de chatbots como ChatGPT, Gemini o Grox.
Lo peor es que está funcionando. Según NewsGuard, al menos un 33% de los principales asistentes conversacionales de IA generativa responden a las preguntas de sus usuarios a su favor. Así que hasta la IA tiene sus propios sesgos, y nosotros, que leemos las noticias ahí, nos estamos alimentando de ellos.
Frente a esto, los países están reaccionando. De hecho, ya está en vigor la Ley Europea de la IA, que dentro de sus exigencias, está la de la obligación de que publicidad, medios, etc., informen al usuario que está interactuando con IA.
Mientras tanto, la prensa intenta reubicarse en este nuevo tablero donde ya no controla la puerta de entrada a la información. Algunos han reaccionado creando nuevas figuras como corresponsales de desinformación. Es el caso de Marianna Spring en la BBC. Un rol que, hace unos años, habría sonado exagerado. Hoy, parece ser un must.
Profesionales como estos, que verifiquen fuentes, contrasten la información y revisen y corrijan los contenidos hechos por IA, son claves en este combate. Y si los medios quieren seguir existiendo, o siendo creíbles, no pueden escaparse de este esfuerzo.
La paradoja es evidente: en la era donde más información tenemos, el valor vuelve a estar en lo básico. Verificar. Contrastar. Dudar. Es decir, hacer periodismo.
La IA ha hecho muchas cosas bien. Trabajamos más rápido, filtramos mejor, ganamos tiempo. La promesa es tentadora. Pero ¿a cambio de qué?
Si los vídeos pueden ser falsos, si las respuestas pueden estar sesgadas y si dejamos de ir a las fuentes originales, entonces el problema no es solo la tecnología. Es cómo la usamos.
Así que, también está en nosotros buscar la verdad. Ir a la fuente. Contrastar. No quedarse con la primera respuesta. En esta nueva era, donde la información se genera, se transforma y se distribuye sin fricción, el pensamiento crítico es la forma de salvarnos a nosotros mismos.